Ya conoces los distintos tipos de hadas?
Powered by MaxBlogPress  

Tag Archives: tiempo

Brisa y el Topo

Hace cientos de años, en una pequeña aldea en medio de la llanura, vivía un matrimonio de pobres campesinos cuya única fortuna era una choza y unas pocas tierras. No obstante, veían compensada su pobreza con la bondad de su única hija: Brisa.
Un día la niña vio un grupo de chiquillos que maltrataban a un pobre y herido topo, que estaba perdido. Entonces, Brisa se acercó y les quitó el topo, al tiempo que los reprendía por su mala acción. Luego se internó en la llanura y dejó en libertad al animal. Observó cómo el topo se introducía veloz en la tierra, y cuando no lo vio mas, volvió satisfecha a la aldea.
Pasó algún tiempo hasta que una mañana, la niña sintió que se desmoronaba el suelo de su choza bajo sus pies; entonces vio estupefacta cómo el mismo topo que ella había salvado aparecía entre la tierra removida del suelo de su choza.
El animal le dijo que la reina de las profundidades, que conocía el buen corazón de la muchacha, lo enviaba para conducirla hasta su palacio para casarla con su hijo, como premio por su buena acción. Brisa aceptó de inmediato y comenzaron a descender por miles de laberintos y túneles hasta llegar a la ciudad subterránea, Miná. Todo allí era de piedras preciosas y metales valiosos: las casa, los árboles, las calles, los tejados, los frutos.
Brisa estaba muy sorprendida aún cuando vio a un hermoso joven que se le acercaba con paso decidido; era Ónix, el hijo de la reina de las profundidades. El la recibió como si ya estuvieran casados, y ella lo aceptó como marido casi de inmediato. Juntos vivieron en una completa felicidad. Todos colmaban a la joven de atenciones y entre tanta delicia, la niña no sintió que pasara el tiempo. Pero ¿qué importaba? La vida en aquel lugar le parecía extraordinaria.
No obstante, un día se acordó de sus padres. ¿Qué sería de ellos? Seguramente estarían sumamente preocupados, sin saber adónde había ido su hija. Y desde aquel momento, la tristeza se apoderó de ella. Sólo quería volver con sus padres, para que ellos también disfruten de la felicidad de aquel lugar. Entonces le dijo todo lo que sentía a su esposo, quien intentó por todos los medios que Brisa se quedara allí. Le ofreció un nuevo y magnífico palacio, una vida sin preocupaciones, su reino y su amor para siempre. Pero ella seguía firme.
Cuando Brisa partió, la tristeza del príncipe fue inmensa, pues sabía que no volvería a verla, pero también sabía que había un juramente que le impedía explicar las razones de su súplica así como develar al mundo exterior los profundos secretos de su reino subterráneo. Entonces la dejó partir, pero no sin antes regalarle una hermosa y extraña piedra.
Pronto brisa perdió de vista la ciudad, sus palacios y su príncipe. Nuevamente estaba en su tierra, y le parecía que su vida en ciudad de Miná había sido un sueño, algo lejano. Entonces se encaminó a su casa, pero no reconoció la aldea. Estaba cambiada, muy cambiada. Las casa eran más grandes, los techos eran de tejas en lugar de paja. No obstante, esta era su aldea, lo sabía, lo presentía, estaba segura.
Preguntó a algunos parroquianos por sus padres, pero nadie supo responderle, nadie los conocía. Hasta que por último le preguntó a un anciano famoso por conocer miles de las historias de los antiguos habitantes del lugar y conocer sus vidas. Brisa se dirigió a él y le preguntó dónde estaba la casa de sus padres. El viejo pensó unos instantes y luego le dijo que un matrimonio había muerto hacía más de cien años, y que se contaba que su única hija una vez se había internado en la llanura para no volver jamás. Brisa comenzó a comprender que en la ciudad subterránea el tiempo no existía. Lo que se le habían antojado unos pocos días de placentera y absoluta felicidad eran, en realidad, más de cien años.
Repentinamente, sintió que sus fuerzas se extinguían, que todos los años que había estado fuera de casa caían sobre sus hombros, que la vida la dejaba. Y sus cabellos comenzaron a crecer y a teñirse de blanco, su piel se arrugó, y sus músculo crecieron junto con sus huesos, como envejeciendo rápidamente. Entonces comprendió los vanos intentos de su esposo por retenerla, y quiso volver con él, pero era demasiado tarde. Cuando por fin cayó al suelo, sus pensamientos de apagaron, sus ojos dejaron de ver y su piel se enfrió tanto como la roca.
brisa-y-onix-203x300 Brisa y el Topo

La más dolorosa despedida

Ya fue.

Sólo me queda despedirme.

¿Qué otra cosa hacer, si no?

Si bien me cuesta desprenderme de ella, tengo que hacerlo.

Si no lo hago yo, ella lo hará.

Y si bien pienso en cuánto la extrañaré, deseo poder invocarla siempre que pueda.

Siempre que lo necesite.

En esas noches frías en que la soledad me tome de los hombros y no pueda liberarme.

Y siempre que necesite inspiración para escribir, para componer.

Pero sinceramente dudo poder conservarla, o recuperarla luego de algún tiempo, siquiera.

Me abandona para siempre.

Y si bien podré verla junto con otras personas, me molesta que ya no esté conmigo.

Ella es todo para mí.

Ella es inenarrable, inexplicable, hermosa.

Es perfecta, intocable, inmaculada.

Y aunque ahora mucho piensen que es una mala compañera, descubrirán lo buena que es, lo mucho que la extrañarán si algún día los deja.

¿Por qué se me da algo tan hermoso si sólo es por un corto tiempo?

¿Por qué se espera que me deje a tan temprana edad?

¿Por qué es mía, sólo mía, por un momento si luego no puedo recuperarla, no puedo hacer que vuelva?

Y es entonces cuando comienzo a odiar.

Y odio a mi vecino, pues ella me abandona.

Y a mis amigos, pues ella me abandona.

Y a mi ciudad, ya que ella me abandona.

Y a la existencia misma odio, porque yo la abandono.

Nunca me gustó que me dejen, pues entonces yo tengo que dejarla.

Despedirme yo.

Irme yo, o dejarla que se vaya, pero sin demoras, pues cuanto más se queda conmigo, más odio el momento de su partida.

Es ella la causa de mi vida, y sin embargo, si ella me deja seguiré estando vivo.

Y no tengo intención alguna de perder también mi vida.

Además, alguien más sufrirá mi pérdida, o por lo menos espero que alguien advierta que ya no estoy cuando realmente no esté.

Pero si ella me abandona, todo me abandona.

Mis sueños, mi inspiración, mis ganas de saberlo todo.

Y si mi vida no tiene sentido si ella no me deja, no quiero que mi vida tenga sentido.

¿Para qué, si no puedo estar en su presencia, si no puede estar en mi presencia?

Me siento agonizante, triste, enfermo.

Y sin embargo pienso, lloro y levanto la mirada para ver cómo se va.

Y la saludo con mi mano abierta y un beso que vuela libre entre el viento y que dudo que le llegue alguna vez.

Pero la vida sigue.

Con sentido o sin él, la vida continúa, nunca frena, nunca.

Y escribo esto como una forma de documentar un punto justo entre un antes y un después de mi vida: antes y después de ella.

Ahora me decido a pensar como todo un hombre que soy, me decido a evitar sufrir.

Pero el dolor es inevitable ahora que ella no está.

Y cuando una de mis lágrimas caiga sobre mi firma y un borrón de tinta no te deje ver mi nombre, sabrás que mi dolor es inmenso.

Y sabrás que me refiero a la más bella de todas las musas.

Tan bella que no fue contada entre ellas, ni entre los dioses, ni entre ninguna divinidad.

Comprenderás, entonces, que, cuando me aleje del puerto luego de verla perderse en el horizonte y me dé vuelta llorando, agonizante, seguiré viviendo, aún ahora que mi infancia me abandonó.

 

 

Palabras para una Tarde de Lluvia - J. C. Mariotti

Quinto dia fuera de Nunca Jamas | Una historia especial

Después de haber perdido el álbum fotográfico :( seguimos este interminable viaje que cada vez nos hace más grandes.

Esta vez encontramos a una princesa. Esta vieja princesa nos invitó a su casa, donde pudimos descansar un poco.

Mientras Campanilla y yo dormíamos, ella nos preparó un almuerzo que resultaría inolvidable.
Al despertar, me encontré con que era el único durmiendo allí, Campanilla y la princesa Kwil no estaban. Pensé por un momento que me habrían abandonado para siempre, pero a lo lejos logré divisar unas risas, entonces recorrí toda la casa y no logré encontrarlas.

Dos minutos más tarde las vi venir a las dos con un hermoso unicornio.
Campanilla me contó alucinada que el paseo en unicornio fue fantástico y que ambas habían descubierto nuevas flores que crecían frente a un lago, que las usarían para complementar el almuerzo.

A fin de un poco tiempo almorzamos. Las flores que habían traído tenían un gusto diferente a todo lo que habíamos probado, pero me recordaba a algo.
Y en el momento que tragué el primer bocado me di cuenta que era lo que me recordaba. Me recordaba a la fuente de vitalidad por la que pasamos el primer día, solo que esta vez no tuvimos que esperar dos días para ver los resultados.

Ni en Campanilla ni en mi se vieron cambios drásticos, pero si en Kwil.

La anciana se fue tornando cada vez más bonita y resultó ser una bella princesita. Había vuelto a ser joven.
La princesa no podía creer que eso fuese posible, Campanilla y yo nos miramos con una mirada de complicidad y ella se sonrojó.

Después de haber estado hablando varias horas con la princesa, Campanilla y yo seguimos nuestro viaje. Nos despedimos de la princesa y continuamos caminando…La joven princesa Kwil y su unicornio

Tiempo

He aquí un poema de mi hermano, miren si no es un genio.

 

Tiempo…
¿Qué es Tiempo?
¿Sólo el tic-tac de unas agujas?
¿El suave y silencioso caminar de los números de un reloj digital?
¿El delicado e inaudible murmuro de los granos de arena que golpean contra el cristal?

Tiempo…

Tiempo es mucho más que eso.
Tiempo puede ser una necesidad.
Tiempo es una virtud, tal vez, de la naturaleza.
Lo cierto es que Tiempo es el correr de las acciones.
Tiempo podría ser la voracidad con que nos atacan la vejez y el cansancio.
Según la física, Tiempo es una fuerza.

Pero Tiempo es aún mucho más que eso.
Tiempo puede ser la desesperación de los hombres.
Porque después de todo, ¿no es el tiempo lo que nos preocupa siempre?

Sí, es eso, el tiempo…

Siempre molestos por lo corto que son los días y que no nos alcanza para realizar nuestras actividades.
Pero, ¿no será que nosotros tenemos más actividades que antes?
¿O que las hacemos más lentamente?
Tal vez nos estemos volviendo inútiles.

Completamente inútiles.
Pronto no seremos más que plantas,
o menos aún, no seremos más que rocas,
o simplemente nos limitaremos a ser.

Ser lo que sea, sólo ser.
Pero Tiempo no es algo malo, como todo lo que dije antes.
Lo cierto es que Tiempo es una ciudad,
una ciudad en lo más profundo de mi ser, en las vastas tierras de mi psiquis.
Una ciudad con una gran plaza en su interior.
Una ciudad de clima Alpino.
Una blanca ciudad, acariciada por las manos del invierno.
Tiempo es esa ciudad donde puedo sentarme al lado de un hogar, oyendo las historias que me cuenta el crepitar de las llamas.
Tiempo es donde puedo tomar un café caliente y escuchar las canciones que me canta el viento con su voz de barítono.

Tiempo es donde nunca crecer.
Tiempo es esa ciudad donde todo vive.
Todo puede ser allí;
Tiempo es como una fuente de la juventud.
Tiempo, esa ciudad con un gran cofre, un cofre dorado donde guardo, donde guardamos lo que nos identifica como niños,
como niños que somos o como niños que éramos, no interesa;
como niños, al fin.

En ese cofre yo elijo guardar los cuentos que me contaban cuando era menor, y los que imagino ahora que soy más grande.
Es donde guardo los textos que escribo o las canciones que canto, la música que compongo, los amigos de que me hago.
Deposito allí, también, todos los recuerdos buenos de mi infancia, y los malos también, pues son ellos también parte del niño que solía ser, y del niño que no me avergüenzo a mostrar aún hoy.
Ese niño que nunca dejó de existir, esa llama que arde con brillante intensidad cuando oigo un cuento de hadas acostado en mi cama, o veo los dibujitos animados en mi televisión, o juego con muñecos en mi jardín.
De hecho, aunque no parezca, Tiempo es ese lugar de mí donde no llega el dedo acusador de la vejez que todo arrasa.
Aunque suene repetitivo, Tiempo es ese lugar donde no llega el tiempo.
Tiempo es como Nunca Jamás para Peter Pan.
Sólo que este Nunca Jamás es mío, sólo mío.

Tiempo es Mi Nunca Jamás…

Joako!