- Oh, Campanilla, ¿por qué estás tan callada?
- No estoy callada, Principito. Sólo estoy escuchando la libertad…
- ¿La libertad?
- Sí…
- ¿Y cómo es eso?
- Mira… Tan sólo escucha como murmuran los árboles, riéndonos de nosotros que creemos ser libres porque podemos caminar, movernos y volar. Escúchalos…
Ellos son quienes realmente son libres. No nosotros.
- Pero entonces no escuchas la libertad, Campanilla, escuchas el murmullo de los árboles.
- No, escucha más atentamente todavía, y podrás oir a Libertad susurrarles al oído a los árboles que no digan nada. Que nos dejen con la ilusión de ser libres.
- ¡Tienes razón Campanilla, puedo oirla! ¡Puedo oir la libertad!
- Suficiente, Principito, no la sigas escuchando…
- Pero, siempre quise ser libre. ¡Quiero saber más sobre ella!
- No, por favor, detente. ¡Acompáñame al río, quiero que nademos juntos!
- Espera Campanilla, sólo un minuto más. Quiero saber qué dice la libertad sobre nosotros…
…
- ¿Oíste lo mismo que yo, Campanilla?
- Sí, ya lo había oído antes. Y no quise derrumbar tu ilusión. ¡Ay, Principito! ¿Cuándo aprenderás que la libertad no existe?
- ¿Cómo? ¿Pero entonces que escuchaba?
- No era Libertad. Libertad no existe. Sólo es una ilusión, de la que vivimos aferrados. Y esa ilusión nos mantiene siempre pendientes de ella, y así es como desaparece Libertad.
- Campanilla, me estás mareando…
- Quien tu crees que se llama Libertad, en realidad se llama Condena. Y es la condena a ser preso de ella…
Será posible escapar de la realidad por un minuto?
Volver a dejar atrás lo que ya hemos olvidado…
Volver a jugar como solíamos hacer…
Cantar canciones que cantabamos ayer…
Seguir caminando hasta en el horizonte la mirada perder…
Recordar viejos momentos, olvidar tristes sentimientos…
Salir a jugar con la luna y las nubes, las estrellas y el sol…
Soñar con un hada multicolor, o mejor tornasol…
Tratar de unir los colores en un bols,
para hacer una torta mágica…
Y que el final de esta historia no sea trágica…
Que las estrellas por un día no brillaran,
para ver que personas nos valorarán.
Que el sol deje de alumbrar,
y sea nuestro corazón quien nos ha de guíar…
Será posible?
Por un minuto nada más…
Posible? Posible?
En Nunca Jamás todo es posible.
Todo, excepto que tu sueño sea horrible.
->
Hoy es un día más,
el sol salió e iluminó,
los colores a la vida, otra vez le dio,
esos colores que algún día añorarás.
Colores de la vida, que no se borran,
pero algunos se despintan,
al fin y al cabo son sólo tinta.
Y qué nos queda?
Siempre los guardamos en un cofre,
en mi caso en mi corazón de seda,
es pasión, emoción con frenesí,
poder decir que aprovechamos nuestra vida.
Nuestra vida algún día va a concluir,
y la única obligación es los sueños cumplir.
Concurrir a la reunión de emociones,
y dejar allí todas nuestras tenciones.
Tentaciones cotidianas nos obligan,
por favor dejemos que,
canciones olvidadas nos persigan.
Así, como un día más,
el más normal, terminó no siéndolo.
Tus emociones olvidarás,
y el destino de tu destino pasarás,
viéndolo, en blanco y negro,
como todo que se olvida…
Juanpa!
Esta historia se cuenta en cada rincón de Nuncajamás.
Todo aquel que haya pisado alguna vez Nuncajamás tuvo que haber escuchado de esta historia.
Weltymet, hada de los bosques encantados, siempre estuvo enamorada de un elfo llamado Limpus Har.
Un día, siempre el día menos pensado, entre los árboles, Weltymet pudo divisar la figura de Limpus Har entre los demás elfos. Y como si fuera suficiente, Limpus se acercaba hacia donde Weltymet se encontraba.
Weltymet nunca había sentido tanta ansiedad como en ese momento en el que su principe azul se acercaba. Al estar demasiado cerca ya, Limpus se agachó para recoger una moneda de oro, dio la vuelta, y volvió con los demás elfos.
Weltymet se sintió decepcionada, el elfo nunca la había visto, o peor aún. Si la había visto, la había ignorado.
Weltymet huyó despavorida a su refugio, atravesando sueños y sentimientos de frenesí fundidos con la más triste amargura. A unos pocos pasos de su hogar, encontró el broche dorado con el que sujetaba sus largos rizos claros.
El broche no era un broche más, ése era especial.
Estaba encantado.
“Quién toque este broche, tenderá el resto de sus días ahogado en la más profunda esencia de amor a quien le pertenezca el broche”
Weltymet en ese momento supo que Limpus Har no había encontrado una moneda de oro, sino que era su broche. Pero desconfíaba, hasta que la luna esa noche, como las demás salió a contemplar el país de Nuncajamás.
Al asomar los primeros brillos, Weltymet oyó un debil, pero enternecedor sonido. Parecía el canto de sirenas de altamar, sólo que un poco más grave.
Al no soportar la curiosidad Weltymet salió a ver quien provocaba el canto.
-Nada. No hay nada.
Weltymet, triste, asiente con la cabeza y se posa junto a un árbol. Cuando derrepente Leer la entrada completa.
Qué caracteriza nuestros sueños?
Será que de cada uno somos dueños?
Lástima que no duran un milenio,
pero con ingenio podemos vivir nuestra vida en ensueño.
Soñar para mi no es un pasatiempo,
es como un sentimiento que aparece de entretiempo.
Cada día, cada hora hora que sueño me recorre la alegría.
Parecería que soy la central arqueológica de sueñología.
Sí, perdí las ganas de vivir.
Mis sentimientos me tienen de hazmerreír,
es imposible añadir nuevas cosas que abatir,
aludir no va conmigo, tristeza? la voy a aplaudir.
Si ya ni se como mi vida conducir, y me cuestiono si debería seguir.
Ya es tarde para corregir, y no me queda nada por cumplir.
Mi vida ya no se puede nutrir, y quizá la solución está en mi cuerpo abrir,
recurrir al provenir no lo veo claro, concurrir al faro y terminar con todo.
No hay un modo de recuperarme, en el lodo voy a ahogarme.
Autoacribillarme será la mejor forma de acuñarme.
Harto de jugar conmigo mismo y cartearme,
engañarme por siempre no va más,
después de tanto gustarme, empecé a disgustarme,
fijarme en liarme para frenarme, absurdo.
Mudarme? Sí. Atarme? ni ahí.
Restaurarme? Imposible. Terminarme? No hace falta.
Dejarme de lado, siempre lo hice bien.
Y creo que mi vida ya no tiene sostén.
Juanpa!
Ya no recuerdo cuando fue la última vez que amé,
se que no lo recordaré jamás,
por lo menos desde que dijiste que te vas,
que para siempre te marchás.
Lo asumí al instante, llanto,
pero la sonrisa bastante más delante,
determinantemente te mencioné a solas,
terminé mi soledad con todas las olas.
Vitrolas me cantaban los versos más tristes,
y descubrí que no existre tristeza si te vistes con melancolía.
Seis años mas tarde todavía me moría de agonía terminal.
Mi corazón pasó de ser capital, a un acantilado de mi cuerpo.
Me volví intelectual de forma accidental,
mi caudal sentimental se secó.
Todo terminó de forma excepcional.
Y ahi descubrí mi anorexia sentimental…
Juanpa!
Voy a confesarte muchas cosas. Pero hoy no.
Hoy voy a decirte lo bien que me haces sentir.
No te dediqué tiempo, es cierto, te invertí tiempo.
Es por eso que hoy reconozco que estuve mal.
Debería haberte amado un poco más.
Quizás sea cuestión de tiempo. Seguro.
Si siempre llego a destiempo con los sentimientos.
La mitad de ellos duerme, y los demás no están atentos.
Falta de alientos sufrí.
Tus besos como alimentos paradisíacos recibí.
Junto a mil operaciones de tu mirada bisturí.
La sensación de frenesí es demasiado fuerte.
Que con suerte a la muerte convierte y advierte.
Eso me divierte y vierte mis emociones hacia tí.
Que para verte y volver a tenerte, mil quinientos versos escribí…
Juanpa!
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