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El Pescador y la Murdwach

Hace ya mucho, pero mucho tiempo, vivía en el pueblo de Killarney, en la más occidental de las islas Aran, en la bahía de Galway, un anciano pescador, cuya familia, compuesta por su esposa y siete hijos varones, pasaba tantas penurias económicas que muchas veces no hallaban en su casa un solo bocado que llevarse a la boca, por lo que el pobre hombre debía ir a la playa a buscar mariscos con que alimentarlos, cuando las galernas invernales no le permitían salir a pescar con su maltrecho bote.

Pero cierto día en que regresaba al hogar sin haber podido atrapar un solo pez, vio surgir del mar a una hermosa mujer de largos cabellos verdes, que se dirigió a él de esta forma:

Pobre pescador, me entristece verte tan desdichado. Concédeme a tu hijo mayor en matrimonio para mi hija, y yo te ayudaré, y ya no volverán a pasar penurias ni tú ni tu familia.

—No me agrada la idea de darte a mi hijo ahora que, por su edad, ya es casi capaz de ayudarme a mantener la casa.

—Puedes mantenerlo contigo hasta que haya cumplido los veintiún años —concedió la murdwach, pues de una de ellas se trataba—. Pero luego lo llevaré conmigo, y tú recibirás de mí mucho más de lo que él podría darte con su trabajo. De cualquier manera, tú tienes muchos hijos, y puedo asegurarte que estará muy bien con nosotros.

Pensando en el triste regreso a su casa sin un solo pescado para alimentar a su familia, el pobre pescador le prometió a la murdwach que le daría a su hijo mayor cuando cumpliera la edad requerida, y ella le respondió:

—Ahora ya puedes arrojar tus espineles cuando quieras, y obtendrás toda la pesca que necesites. Continue reading ‘El Pescador y la Murdwach’

El duende de la casa

A la familia Recareda:

Aunque ya me conocen me presentaré, soy el duende de la casa,sí asi es, me podeis llamar Casimiro, asi es como me llama su hijo pequeño.

 

Vivo en esta casa desde que se construyó y no me iré hasta que la casa se me caiga encima, asi lo hacen todos los duendes.

 

Miren no sabrían de mi exitencia si el pequeño Juanma no se hubiera quedado con su abuelo, Agapito. Le hablé de mi vida al pequeño porque se sentía muy solo, a pesar de que Agapito estaba con él, y se extrañó muchísimo por mis ropas, de muchos colores y mis coletas. ¿¡qué pasa que un duende no puede tener coletas!? Ayyyyy lo que queda por ver y hacer…

Iré al grano, ¿saben lo que sucedió?,pues bien, el nene Agapito se lo contó a su hermana mayor, Paula, porque como ya saben, se me dan tan bien los niños que no pudo el pobre remediarlo. Culminante fue cuando usted, señor Matías, perdió su vieja y querida pipa, le faltó tiempo a la resabionda de Paula en afirmar que sería yo, pero ¡qué cosas son esas!, “Vaya un duende” dijo usted, señor, sin cerciorarse, claro está. Desde entonces me hacen la vida imposible., ni que yo fuera bobo, soy un duende,asi que les recomiendo que dejen de poner trampas como si se tratara de un simple ratón, me conozco hasta el último rincón de esta casa, de mi casa.

 

Podré entonces salir y encender la tele al máximo a medianoche o esconderé alguna que otra cosa, y será como represalia por su actitud hacia mí, y otra cosita, que no se me olvide, yo al igual que ustedes, señor Matías, ceno por las noches y creo recordar que nunca he sido invitado, una falta de educación y cortesía muy clara por su parte.. . y si eso, cenar, es robar comida tomeselo usted como el precio del alquiler ya que les he acogido como inquilinos de mi casa.

Tantos años tranquilo hasta que aparecieron, en un principio pense que sería divertido e incluso no me importaba que me hicieran compañía, pero señor Matías, el que me traten como si fuera un ratón con los cebos y un ladrón en mi propia casa….sin llegar a mencionar los incríbles ruidos que se escuchan por la noche que me hacen imposible pasar una velada agradable a a la luz de la luna, vamos que no me dejan dormir.

Familia, yo como un buen duende de su casa podría contribuir en las tareas domésticas e incluso no molestarles si ustedes se comprometen a no molestarme a mi, al duende de la casa, entonces nos llevaremos bien. No quiero recordar que no es bueno buscar las cosquillas a los duendes.

 

Un saludo,

 

el duende de la casa

El duende de la casa