Después de tanto pensar llegué a la conclusión de que es ese el café que quiero. Ese que cada mañana me despierta para poder andar libremente por el mundo real. Es ése el que me quita el sueño de encima, pero no los sueños.
Ese café que tanto buscamos, es el café que hay en nuestro interior.
Es una medicina íntima que funciona como auto-defensa de lo que nos puede afectar en el mundo real.
Acá en Nunca Jamás, el café es muy preciado. Y como somos algunos pocos los que no nos conformamos con tan poco, agregamos polvo de hadas para provocar una serie de emociones particularmente particulares por si solas que crean efectos somnolientos que parece que nuestros sueños se hacen realidad cada día.
Cada día un sueño nuevo, cada día una nueva meta por lograr. Pero no siempre la cumplimos, no todos los días en Nunca Jamás se pueden lograr, en esos días tenemos que escapar al mundo real y tratar de olvidarnos por un momento.
Es en Nunca Jamás donde encontramos refugio para el mundo real que a veces se torna atormentante por lo que día a día sucede. En Nunca Jamás no hay problemas grandes, a excepción de los piratas.
Ese es el motivo por el cual les escribo, únanse a Nunca Jamás y verán que la fantasía cobra vida. Sus sueños se hacen realidad.