Ya conoces los distintos tipos de hadas?
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Author Archives: Sir Lancelot

Anochecer en Nunca Jamas

Era ya de tarde, después de una larga tarde con Campanilla por los bosques de Nunca Jamás, nos tendimos rendidos en el suelo apoyando nuestras espaldas contra los árboles.

Viendo el cielo cambiante de colores, decidimos quedarnos ahí para observar tan delicado espectáculo causado por la naturaleza y la fantástica magia que rodea este perdurable bosque.

Anochecer en los bosques de Nunca Jamas

Y justo en ese momento en que el sol anuncia su partida, y la luna empieza a cumplir su turno, como un silencio que se pierde entre los pensamientos más profundos, escuchamos el canto de las hadas por la noche.

Una armoniosa melodía que en conjunto con los sentimientos hacen una mezcla de fuertes y abrumadores latidos que danzan al compás del corazón.

Hadas de Noche

El Pianista - Capítulo Final

El pianista no había raptado ni llevado a nadie por la fuerza a la sala de conciertos que había mandado a construir. Utilizó sólo el poder de la convicción. Aunque tenía algunos trucos. En primer lugar, esa muchacha de cabello castaño parecía ingenua, el hombre escogía a su presa. Y en segundo término, sabía cómo hablar a una persona, aún sin mentir a nadie; una joven como era Lyla (no tardó en conocer su nombre) no se resistiría a ir a una sala de conciertos para escuchar un fabuloso concierto para piano, excepcionalmente con cuatro movimientos.

El anfiteatro estaba completamente a oscuras. Sólo una vela iluminaba el caminar de las dos personas. La cúpula era imponente, enorme, y tenía una acústica casi perfecta. La forma en que habían sido tallados los bloques de granito absorbía todo el sonido, evitando así demasiados ecos, mientras que las paredes hacían rebotar las ondas sonoras, llevándolas hasta el techo produciendo de ese modo una leve sensación de resonancia, pero que no resultaba excesiva. El escenario era inmenso. En él sólo había un piano de cola.

El hombre invitó a la mujer a sentarse en un banco en frente del piano. Él se preparó para tocar. Desde que pulsó la primera nota, la joven cambió su feliz semblante por uno un poco más preocupado. La introducción no le caía muy bien; primer objetivo cumplido pensó el hombre. Esa sensación continuó mientras duró el premovimiento. Hasta las llamas de las cinco velas que los rodeaban parecían haber decaído en calor y luminosidad. Pero con el primer movimiento todo cambió.

Esta parte comenzaba con unos acordes que estallaban en medio de un mar de silencio introducido por el premovimiento. Y junto con esta primera armonía explotaron también las velas: cientos de llamas flotaban por todo el lugar, iluminando aún más. La escena era imponente. El humo que se elevaba cambiaba en formas increíbles, maravillosas, y los ojos pardos de Lyla se perdían en estas figuras. Sus cabellos flameaban lentamente como los de una sirena debajo del agua. Las primeras lágrimas comenzaban a caer de debajo de sus párpados. Segundo objetivo cumplido.

El primer entremovimiento no tuvo efectos impresionantes, mas sí el segundo movimiento. Las llamas comenzaron una danza increíblemente acorde con la música, finalizando en lentos y tristes remolinos que rodeaban a las dos personas. Lyla dejó de llorar, sus ojos desorbitados expresaban una locura impresionante. Tercer objetivo logrado, esta vez el hombre no se resistió y lo dijo en voz alta.

Un segundo entremovimiento agregó una cuota de tristeza absoluta a la obra. Y el tercer movimiento cambiaba completamente. Este cambio de emociones tan repentino pretendía shockear a la víctima. Lentamente, pareciendo de forma tímida, Lyla comenzó a levitar. Y bailaba con las pequeñas llamas y las chocaba moviendo los brazos y las piernas delicadamente; estaba quemándose viva, por partes. Y entonces, sin cambiar de movimiento, la tensión llegó, y el baile se hizo más alocado y delirante; las llagas producidas por el fuego eran cada vez más grandes en el cuerpo de la mujer.

Apenas finalizado el segundo movimiento, la muchacha descendió suavemente y quedó tendida en el suelo, con los ojos clavados en la cúpula. Y ahora, la agonía. El último entremovimiento era inmensamente triste, aunque tenía algunos rasgos de grandeza absoluta, robados del primer movimiento. Cuando sonaron las primeras notas de este segmento del concierto, la sangre comenzó a fluir de los ojos, la nariz, la boca y los oídos de Lyla. El líquido rojo, tibio, cubrió la totalidad del escenario. El remolino de partículas incandescentes comenzó a estrecharse, hasta terminar a pocos centímetros del pianista y del instrumento mismo.

Un cuarto movimiento, impropio para cualquier concierto, comenzó a sonar. Ahora la magia actuaría sobre el hombre, quien tocaría hasta que le sangren los dedos, y desangrado moriría…

 

J. C. Mariotti

El Pianista - Segunda Parte

Lyla Salamander era una joven botánica apasionada por sus estudios. Corría el año 1869, y las mujeres estaban ganando lentamente un mejor lugar en la sociedad, de modo que sus padres, unos adinerados poseedores de miles de hectáreas de tierras inglesas, decidieron enviarla a la universidad. No obstante, la hermosa joven estaba en casa de vuelta, pues celebraría navidades en su casa. ¡Tan lindo era el recuerdo de las últimas fiestas en casa! Se recordaba sentada con sus padres en la mesa, el largo cabello castaño suelto tras sus hombros y sus ojos pardos brillando de emoción, comiendo la deliciosa cena de Mathilda, la cocinera de la familia.

El día de navidad, luego de abrir los regalos y tomar chocolate caliente, Lyla salió a Londres, sola, para comprar unos libros que quería para estudiar. Una carreta, dispuesta por su padre, la había llevado hasta un punto particular de la ciudad, y la esperaría en el mismo lugar a las seis y media.

El chofer lamentaba ser quien informara al señor Salamander que su hija había desaparecido…

El Pianista - Primera Parte

Su invento estaba terminado, su único invento, pues él sólo era músico. En los últimos años había intentado combinar magia y música, sus dos principales pasiones. Y por fin lo logró. Había comenzado investigando diferentes materiales para construir un instrumento musical, sus distintas propiedades sonoras y las diversas reacciones producidas al combinarlos unos con otros. Construyó, entonces, un piano maestro.

El instrumento fue hecho de ébano, con finos trazados de paralelas líneas de madera de chopo. Esto hacía que todo sonara perfecto: el ébano otorgaba un sonido cálido y brillante a la vez, y el chopo lo absorbía, lo cual evitaba que el aire se saturara de notas, no permitiendo así armónicos leves pero indeseables. La tapa debía estar siempre abierta para no dar lugar a notas apagadas o retumbando dentro de la caja de resonancia. El fieltro de los martillos estaba hecho con lana de conejo y llama y unas pocas y delgadas fibras de hilo de oro, aunque éstas eran casi imperceptibles.

El “arpa” era impresionante. En lugar de tres cuerdas por cada nota, había cuatro, aún en las más graves, aumentando su sonoridad. Pero no todas las cuerdas eran iguales. Dos (las del centro) eran de un hilo de oro rodeadas por otro de una aleación de aluminio y estaño; mientras que las otras de los costados eran de los mismos materiales pero de forma inversa. Los pedales eran cuatro: el pedal izquierdo, la sordina, el pedal tonal y el de resonancia, con pequeñas modificaciones. El pedal izquierdo funcionaba como el de cualquier piano de cola, sólo que en lugar de dejar de lado una cuerda, dejaba dos. La sordina utilizaba un lienzo especialmente preparado: la trama era una secuencia infinitamente repetida de lino, algodón y oro, todo esto espolvoreado con fino y suave polvo de ámbar báltico. Los dos pedales restantes no tenían diferencias en absoluto.

Pero había una última dificultad: ya tenía el piano, ahora necesitaba un conjuro, una música perfecta que tuviera el mismo efecto mágico que las palabras. Y si bien era famoso por sus increíbles composiciones (era el mejor pianista de toda Europa), había ciertas reglas que estaba obligado a respetar ahora: debía componer en un piano común y corriente en lugar de hacerlo en el instrumento maestro, los compases debían ser compuestos y de dos tiempos, y las hojas y la tinta utilizadas tenían que ser azules.

En primer término, el papel usado sería de una mezcla de celulosa de eucalipto, pino y fibras de seda, con un poco de sulfato de cobre, para darle la tonalidad azul apenas perceptible que requería. La tinta era de carbón y el mismo pigmento que el papel utilizaba. La pluma con que escribiría tenía que ser de ganso, impenetrablemente negra, y debía tener punta de plata.

Y entonces sí, a componer.

Si, Do sostenido, Re, Mi, Fa sostenido. Todas en blancas y ligadas. Esas eran las notas iniciales, la primera introducción de la primera introducción, un intento vano por resumir todo el esplendor de la obra completa.

Continuará…

J. C. Mariotti

Brisa y el Topo

Hace cientos de años, en una pequeña aldea en medio de la llanura, vivía un matrimonio de pobres campesinos cuya única fortuna era una choza y unas pocas tierras. No obstante, veían compensada su pobreza con la bondad de su única hija: Brisa.
Un día la niña vio un grupo de chiquillos que maltrataban a un pobre y herido topo, que estaba perdido. Entonces, Brisa se acercó y les quitó el topo, al tiempo que los reprendía por su mala acción. Luego se internó en la llanura y dejó en libertad al animal. Observó cómo el topo se introducía veloz en la tierra, y cuando no lo vio mas, volvió satisfecha a la aldea.
Pasó algún tiempo hasta que una mañana, la niña sintió que se desmoronaba el suelo de su choza bajo sus pies; entonces vio estupefacta cómo el mismo topo que ella había salvado aparecía entre la tierra removida del suelo de su choza.
El animal le dijo que la reina de las profundidades, que conocía el buen corazón de la muchacha, lo enviaba para conducirla hasta su palacio para casarla con su hijo, como premio por su buena acción. Brisa aceptó de inmediato y comenzaron a descender por miles de laberintos y túneles hasta llegar a la ciudad subterránea, Miná. Todo allí era de piedras preciosas y metales valiosos: las casa, los árboles, las calles, los tejados, los frutos.
Brisa estaba muy sorprendida aún cuando vio a un hermoso joven que se le acercaba con paso decidido; era Ónix, el hijo de la reina de las profundidades. El la recibió como si ya estuvieran casados, y ella lo aceptó como marido casi de inmediato. Juntos vivieron en una completa felicidad. Todos colmaban a la joven de atenciones y entre tanta delicia, la niña no sintió que pasara el tiempo. Pero ¿qué importaba? La vida en aquel lugar le parecía extraordinaria.
No obstante, un día se acordó de sus padres. ¿Qué sería de ellos? Seguramente estarían sumamente preocupados, sin saber adónde había ido su hija. Y desde aquel momento, la tristeza se apoderó de ella. Sólo quería volver con sus padres, para que ellos también disfruten de la felicidad de aquel lugar. Entonces le dijo todo lo que sentía a su esposo, quien intentó por todos los medios que Brisa se quedara allí. Le ofreció un nuevo y magnífico palacio, una vida sin preocupaciones, su reino y su amor para siempre. Pero ella seguía firme.
Cuando Brisa partió, la tristeza del príncipe fue inmensa, pues sabía que no volvería a verla, pero también sabía que había un juramente que le impedía explicar las razones de su súplica así como develar al mundo exterior los profundos secretos de su reino subterráneo. Entonces la dejó partir, pero no sin antes regalarle una hermosa y extraña piedra.
Pronto brisa perdió de vista la ciudad, sus palacios y su príncipe. Nuevamente estaba en su tierra, y le parecía que su vida en ciudad de Miná había sido un sueño, algo lejano. Entonces se encaminó a su casa, pero no reconoció la aldea. Estaba cambiada, muy cambiada. Las casa eran más grandes, los techos eran de tejas en lugar de paja. No obstante, esta era su aldea, lo sabía, lo presentía, estaba segura.
Preguntó a algunos parroquianos por sus padres, pero nadie supo responderle, nadie los conocía. Hasta que por último le preguntó a un anciano famoso por conocer miles de las historias de los antiguos habitantes del lugar y conocer sus vidas. Brisa se dirigió a él y le preguntó dónde estaba la casa de sus padres. El viejo pensó unos instantes y luego le dijo que un matrimonio había muerto hacía más de cien años, y que se contaba que su única hija una vez se había internado en la llanura para no volver jamás. Brisa comenzó a comprender que en la ciudad subterránea el tiempo no existía. Lo que se le habían antojado unos pocos días de placentera y absoluta felicidad eran, en realidad, más de cien años.
Repentinamente, sintió que sus fuerzas se extinguían, que todos los años que había estado fuera de casa caían sobre sus hombros, que la vida la dejaba. Y sus cabellos comenzaron a crecer y a teñirse de blanco, su piel se arrugó, y sus músculo crecieron junto con sus huesos, como envejeciendo rápidamente. Entonces comprendió los vanos intentos de su esposo por retenerla, y quiso volver con él, pero era demasiado tarde. Cuando por fin cayó al suelo, sus pensamientos de apagaron, sus ojos dejaron de ver y su piel se enfrió tanto como la roca.
brisa-y-onix-203x300 Brisa y el Topo

La más dolorosa despedida

Ya fue.

Sólo me queda despedirme.

¿Qué otra cosa hacer, si no?

Si bien me cuesta desprenderme de ella, tengo que hacerlo.

Si no lo hago yo, ella lo hará.

Y si bien pienso en cuánto la extrañaré, deseo poder invocarla siempre que pueda.

Siempre que lo necesite.

En esas noches frías en que la soledad me tome de los hombros y no pueda liberarme.

Y siempre que necesite inspiración para escribir, para componer.

Pero sinceramente dudo poder conservarla, o recuperarla luego de algún tiempo, siquiera.

Me abandona para siempre.

Y si bien podré verla junto con otras personas, me molesta que ya no esté conmigo.

Ella es todo para mí.

Ella es inenarrable, inexplicable, hermosa.

Es perfecta, intocable, inmaculada.

Y aunque ahora mucho piensen que es una mala compañera, descubrirán lo buena que es, lo mucho que la extrañarán si algún día los deja.

¿Por qué se me da algo tan hermoso si sólo es por un corto tiempo?

¿Por qué se espera que me deje a tan temprana edad?

¿Por qué es mía, sólo mía, por un momento si luego no puedo recuperarla, no puedo hacer que vuelva?

Y es entonces cuando comienzo a odiar.

Y odio a mi vecino, pues ella me abandona.

Y a mis amigos, pues ella me abandona.

Y a mi ciudad, ya que ella me abandona.

Y a la existencia misma odio, porque yo la abandono.

Nunca me gustó que me dejen, pues entonces yo tengo que dejarla.

Despedirme yo.

Irme yo, o dejarla que se vaya, pero sin demoras, pues cuanto más se queda conmigo, más odio el momento de su partida.

Es ella la causa de mi vida, y sin embargo, si ella me deja seguiré estando vivo.

Y no tengo intención alguna de perder también mi vida.

Además, alguien más sufrirá mi pérdida, o por lo menos espero que alguien advierta que ya no estoy cuando realmente no esté.

Pero si ella me abandona, todo me abandona.

Mis sueños, mi inspiración, mis ganas de saberlo todo.

Y si mi vida no tiene sentido si ella no me deja, no quiero que mi vida tenga sentido.

¿Para qué, si no puedo estar en su presencia, si no puede estar en mi presencia?

Me siento agonizante, triste, enfermo.

Y sin embargo pienso, lloro y levanto la mirada para ver cómo se va.

Y la saludo con mi mano abierta y un beso que vuela libre entre el viento y que dudo que le llegue alguna vez.

Pero la vida sigue.

Con sentido o sin él, la vida continúa, nunca frena, nunca.

Y escribo esto como una forma de documentar un punto justo entre un antes y un después de mi vida: antes y después de ella.

Ahora me decido a pensar como todo un hombre que soy, me decido a evitar sufrir.

Pero el dolor es inevitable ahora que ella no está.

Y cuando una de mis lágrimas caiga sobre mi firma y un borrón de tinta no te deje ver mi nombre, sabrás que mi dolor es inmenso.

Y sabrás que me refiero a la más bella de todas las musas.

Tan bella que no fue contada entre ellas, ni entre los dioses, ni entre ninguna divinidad.

Comprenderás, entonces, que, cuando me aleje del puerto luego de verla perderse en el horizonte y me dé vuelta llorando, agonizante, seguiré viviendo, aún ahora que mi infancia me abandonó.

 

 

Palabras para una Tarde de Lluvia - J. C. Mariotti

La leyenda del dragón del oro

Pocos eran los guerreros que regresaban de aquella montaña. Famosa por la gran concentración de oro en las aguas de los ríos que de ella fluían, la montaña Blau, ahora desaparecido, era el centro de aquel reino rico y poderoso. Si bien, todos quienes disfrutaban de las riquezas de los arroyos buscaban en los pequeños rápidos lejos de la montaña, no faltaban aquellos que superaban el miedo popular y escalaban en busca de la fuente principal de oro. Nadie tenía buena suerte, y si la tenía, no se sabía.Un día, después de largas deliberaciones, el rey, con un poco de motivación de su consejero, decidió enviar a dos hombres, que demuestren especial valor, a la cima de la montaña. Al día siguiente, cualquier varón mayor de 20 años podía presentarse para ser seleccionados hasta llegar al reducido número de dos hombres. El ganador tenía derecho sobre la mitad del oro que consiguiera. No obstante, sólo una persona se presentó: un pobre viejo, encorvado, y cuyo caminar era ayudado por un bastón de cedro. El consejero creyó conveniente disponer de dos soldados que acompañaran y ayudaran al anciano.Nublado fue el día en que partieron. Dos hombres bien armados, de postura firme y aspecto saludable y otro que parecía haber cargado sobre sus hombros docenas de kilogramos todos los días. El primer día fue bastante callado y tranquilo. Sólo conversaciones ocasionales, principalmente vinculadas con el tiempo del día próximo. Al caer la noche, acamparon justo antes de que el terreno comenzara a elevarse. Si bien el anciano durmió muy plácidamente, los soldados se turnaron para hacer guardia.La segunda jornada fue más dura para los soldados, pues habían comenzado a subir la montaña. Y a pesar de su aspecto, el anciano demostraba cierta gracia; caminaba sobre la montaña aún mejor que sobre el suelo llano de la ciudad.Al cabo de cuatro días, llegaron a la parte de la montaña donde se formaban los ríos, donde, se suponía, se encontraba la fuente del oro. El fluir del agua había tallado antaño numerosas cuevas frías, amplias y oscuras. Pero no había señal alguna de oro; ni una moneda, ni un pequeño trozo, ni un destello dorado. Entonces, ¿de dónde provenía el oro?Cansados de buscar, los tres hombres, el anciano con el aspecto habitual y los soldados increíblemente cansados, fueron a refugiarse a una cueva. Al principio todo se encontraba a oscuras; encendieron una antorcha y ahí lo vieron, un enorme dragón dorado que parecía bastante viejo. La bestia levantó la cabeza para ver a sus visitantes, y luego volvió a posarla sobre sus patas delanteras.Daba realmente lástima, allí, tan enorme, tan viejo, tan enfermo. Los dos soldados estaban realmente aturdidos, y bastante interesados por el enorme tesoro que el dragón guardaba bajo su vientre. El anciano se acercó lentamente a la bestia y le acarició la articulación de una de las piernas traseras. Los dos individuos de la milicia tomaron rápidamente sus espadas y se acercaron al dragón con la intención se darle muerte. Entonces el viejo, advirtiendo en la acción de los soldados, levantó su bastón, pronunció algunas palabras y volvió a bajarlo con ímpetu. Inmediatamente, los dos hombres quedaron inmovilizados.El viejo volvió a acariciar a la bestia, tomó un pequeño papel de dentro de su mugrienta túnica y dijo unas palabras extrañas, inmediatamente, el dragón recobró la vitalidad, el aspecto de juventud que seguramente había tenido hacia siglos. Entonces se levantó, dejando al descubierto la totalidad del tesoro. Copas de oro, espadas, anillos, monedas y miles de artículos del metal precioso por excelencia reposaban sobre el piso de la cueva. Luego, con unos cuantos empujones de su brazo, dejó caer todo el oro por la ladera de la montaña, hasta que se escuchó un chapoteo a lo lejos. Luego, el viejo le dio la vuelta al papel, y leyó las palabras allí escritas. Inmediatamente, y al igual que ocurrió con el dragón, recobró su estado de juventud.Hizo una reverencia al animal, el cual se la retribuyó, y se fue, dejando a los dos soldados allí, asustados, y sin poder moverse.

Paseo por Nunca Jamas

Supongo que se habrán cansado de leer historias universales, por eso hoy les voy a mostrar que hay por Nunca Jamás.

Hoy por hoy lo que más se ve en Nunca Jamás son conflictos de humanos y dragones.
Si bien siempre se consideraron enemigos, hay chamanes que rompen con lo establecido y hacen pactos con dragones y se llevan muy bien. Read More »

El Pescador y la Murdwach

Hace ya mucho, pero mucho tiempo, vivía en el pueblo de Killarney, en la más occidental de las islas Aran, en la bahía de Galway, un anciano pescador, cuya familia, compuesta por su esposa y siete hijos varones, pasaba tantas penurias económicas que muchas veces no hallaban en su casa un solo bocado que llevarse a la boca, por lo que el pobre hombre debía ir a la playa a buscar mariscos con que alimentarlos, cuando las galernas invernales no le permitían salir a pescar con su maltrecho bote.

Pero cierto día en que regresaba al hogar sin haber podido atrapar un solo pez, vio surgir del mar a una hermosa mujer de largos cabellos verdes, que se dirigió a él de esta forma:

Pobre pescador, me entristece verte tan desdichado. Concédeme a tu hijo mayor en matrimonio para mi hija, y yo te ayudaré, y ya no volverán a pasar penurias ni tú ni tu familia.

—No me agrada la idea de darte a mi hijo ahora que, por su edad, ya es casi capaz de ayudarme a mantener la casa.

—Puedes mantenerlo contigo hasta que haya cumplido los veintiún años —concedió la murdwach, pues de una de ellas se trataba—. Pero luego lo llevaré conmigo, y tú recibirás de mí mucho más de lo que él podría darte con su trabajo. De cualquier manera, tú tienes muchos hijos, y puedo asegurarte que estará muy bien con nosotros.

Pensando en el triste regreso a su casa sin un solo pescado para alimentar a su familia, el pobre pescador le prometió a la murdwach que le daría a su hijo mayor cuando cumpliera la edad requerida, y ella le respondió:

—Ahora ya puedes arrojar tus espineles cuando quieras, y obtendrás toda la pesca que necesites. Read More »