Ya fue.
Sólo me queda despedirme.
¿Qué otra cosa hacer, si no?
Si bien me cuesta desprenderme de ella, tengo que hacerlo.
Si no lo hago yo, ella lo hará.
Y si bien pienso en cuánto la extrañaré, deseo poder invocarla siempre que pueda.
Siempre que lo necesite.
En esas noches frías en que la soledad me tome de los hombros y no pueda liberarme.
Y siempre que necesite inspiración para escribir, para componer.
Pero sinceramente dudo poder conservarla, o recuperarla luego de algún tiempo, siquiera.
Me abandona para siempre.
Y si bien podré verla junto con otras personas, me molesta que ya no esté conmigo.
Ella es todo para mí.
Ella es inenarrable, inexplicable, hermosa.
Es perfecta, intocable, inmaculada.
Y aunque ahora mucho piensen que es una mala compañera, descubrirán lo buena que es, lo mucho que la extrañarán si algún día los deja.
¿Por qué se me da algo tan hermoso si sólo es por un corto tiempo?
¿Por qué se espera que me deje a tan temprana edad?
¿Por qué es mía, sólo mía, por un momento si luego no puedo recuperarla, no puedo hacer que vuelva?
Y es entonces cuando comienzo a odiar.
Y odio a mi vecino, pues ella me abandona.
Y a mis amigos, pues ella me abandona.
Y a mi ciudad, ya que ella me abandona.
Y a la existencia misma odio, porque yo la abandono.
Nunca me gustó que me dejen, pues entonces yo tengo que dejarla.
Despedirme yo.
Irme yo, o dejarla que se vaya, pero sin demoras, pues cuanto más se queda conmigo, más odio el momento de su partida.
Es ella la causa de mi vida, y sin embargo, si ella me deja seguiré estando vivo.
Y no tengo intención alguna de perder también mi vida.
Además, alguien más sufrirá mi pérdida, o por lo menos espero que alguien advierta que ya no estoy cuando realmente no esté.
Pero si ella me abandona, todo me abandona.
Mis sueños, mi inspiración, mis ganas de saberlo todo.
Y si mi vida no tiene sentido si ella no me deja, no quiero que mi vida tenga sentido.
¿Para qué, si no puedo estar en su presencia, si no puede estar en mi presencia?
Me siento agonizante, triste, enfermo.
Y sin embargo pienso, lloro y levanto la mirada para ver cómo se va.
Y la saludo con mi mano abierta y un beso que vuela libre entre el viento y que dudo que le llegue alguna vez.
Pero la vida sigue.
Con sentido o sin él, la vida continúa, nunca frena, nunca.
Y escribo esto como una forma de documentar un punto justo entre un antes y un después de mi vida: antes y después de ella.
Ahora me decido a pensar como todo un hombre que soy, me decido a evitar sufrir.
Pero el dolor es inevitable ahora que ella no está.
Y cuando una de mis lágrimas caiga sobre mi firma y un borrón de tinta no te deje ver mi nombre, sabrás que mi dolor es inmenso.
Y sabrás que me refiero a la más bella de todas las musas.
Tan bella que no fue contada entre ellas, ni entre los dioses, ni entre ninguna divinidad.
Comprenderás, entonces, que, cuando me aleje del puerto luego de verla perderse en el horizonte y me dé vuelta llorando, agonizante, seguiré viviendo, aún ahora que mi infancia me abandonó.
Palabras para una Tarde de Lluvia - J. C. Mariotti