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Monthly Archives: Julio 2008

El amor en rojo

Loemos a los dioses
Y que las retorcidas volutas de
nuestro incienso trepen a sus narices
desde nuestros benditos altares

James Joyce, Ulises

Las nubes se deslizaban a sus costados. Estaba volando y de eso no había dudas. Cuándo había perdido su forma humana era un episodio que se le había escapado.
La brisa le azotaba los párpados de membrana fina. Se sentía extraño no tener dedos. Observó sus extremidades, estaban cubiertas de un blanco plumaje. ¿Qué pájaro sería? Un cisne quizás; pero ¿por qué recordaba ser hombre?
A sus costados otros cisnes en los que no había reparado volaban en una formación casi perfecta. ¿Cómo había llegado a asumir. esta forma? Trató de buscar en su cerebro, ahora más pequeño, el último recuerdo de su vida de hombre.
Se vio subido a un carro. El olor de la sangre, no sabía si propia o ajena, se percibía cada vez más fuerte. ¿Habría muerto? ¿Sería víctima de un encantamiento ? Read More »

Pack de Imágenes

Después de estar un par de días sin informarles que ha ocurrido por Nunca Jamás, pido disculpas por no haber dado señales de vida.

Al ver sus comentarios, me entero que quieren más imágenes, y eso es lo que les traigo esta vez.

Unas cinco imágenes variadas.

El Fantasma bebedor de sangre

En tiempos tan antiguos que sólo los recuerdan aquellos a quienes se los han contado sus abuelos, vivía en la parroquia de Gyleen, en el condado de Cork, sobre la costa del Mar de Erín, al extremo sur de la Isla Esmeralda, un joven de nombre John Shea, el cual cortejaba a tres doncellas del pueblo, sin poder decidir cuál de ellas le agradaba más. Y un día en que regresaba a su casa con sus hermanas, luego de haber concurrido a la feria del pueblo de Kinsale, éstas comenzaron a interrogarlo:
—Dime, John —preguntó Susyann, la mayor—, ¿por qué no te casas de una vez? ¿Qué esperas para decidirte por Annie, Maggie o Peg?
—No puedo contestarles eso hasta que no esté seguro de cuál de ellas desea lo mejor para mí —respondió el muchacho.
—¿Y cómo harás para averiguarlo? —inquirió la otra.
—Para saberlo, hace falta que muera alguien en la parroquia —agregó John enigmáticamente—. Sólo entonces podré decírselos.
A las dos semanas de esta conversación murió el herrero del pueblo, y John acudió al velatorio y al día siguiente al funeral. Sin embargo, al llegar al cementerio, el joven no se acercó al lugar del entierro, sino que permaneció a cierta distancia, junto a un mausoleo bastante deteriorado, que distaba algunos metros de la fosa y, cuando la comitiva se retiró, aún permaneció algunos minutos allí, meditando profundamente. Luego puso su bastón de saúco junto a la puerta del panteón, echó una mirada a su alrededor, como si despertara de un profundo sueño, y emprendió lentamente el camino de su casa, dejando el bastón junto a la entrada de la bóveda.
Una vez en su casa y luego de cenar, John se dirigió a la taberna del pueblo, donde solía reunirse con otros jóvenes amigos, y dio la casualidad de que sus tres novias se hallaban allí presentes, aunque el muchacho estaba tan callado que sus acompañantes no pudieron menos que notarlo.
—¿Qué pasa que estás tan callado esta noche, John? —preguntó una de las damiselas.
—Es que lamento haber perdido mi hermoso bastón de saúco —respondió el joven.
—¿Y cómo fue que lo extraviaste? —preguntó su amiga.
—En realidad, no fue que lo perdiera —explicó John—, sino que lo dejé olvidado junto al mausoleo que está cerca de la tumba donde hoy enterraron al herrero.
—¿Y qué piensas hacer al respecto? —se interesó Maggie, una de las candidatas.
—Yo, nada; pero estuve pensando que aquélla de ustedes tres que vaya a buscármelo esta noche será la que elija como esposa. ¿Quién de las tres irá por él?
—¡Pues yo, ni loca! —respondió Annie, la mayor de las tres.
—¿Y tú, Peggy? —preguntó John. Read More »