Monthly Archive for March, 2008

Paseo por Nunca Jamas

Supongo que se habrán cansado de leer historias universales, por eso hoy les voy a mostrar que hay por Nunca Jamás.

Hoy por hoy lo que más se ve en Nunca Jamás son conflictos de humanos y dragones.
Si bien siempre se consideraron enemigos, hay chamanes que rompen con lo establecido y hacen pactos con dragones y se llevan muy bien. Continue reading ‘Paseo por Nunca Jamas’

El Pescador y la Murdwach

Hace ya mucho, pero mucho tiempo, vivía en el pueblo de Killarney, en la más occidental de las islas Aran, en la bahía de Galway, un anciano pescador, cuya familia, compuesta por su esposa y siete hijos varones, pasaba tantas penurias económicas que muchas veces no hallaban en su casa un solo bocado que llevarse a la boca, por lo que el pobre hombre debía ir a la playa a buscar mariscos con que alimentarlos, cuando las galernas invernales no le permitían salir a pescar con su maltrecho bote.

Pero cierto día en que regresaba al hogar sin haber podido atrapar un solo pez, vio surgir del mar a una hermosa mujer de largos cabellos verdes, que se dirigió a él de esta forma:

Pobre pescador, me entristece verte tan desdichado. Concédeme a tu hijo mayor en matrimonio para mi hija, y yo te ayudaré, y ya no volverán a pasar penurias ni tú ni tu familia.

—No me agrada la idea de darte a mi hijo ahora que, por su edad, ya es casi capaz de ayudarme a mantener la casa.

—Puedes mantenerlo contigo hasta que haya cumplido los veintiún años —concedió la murdwach, pues de una de ellas se trataba—. Pero luego lo llevaré conmigo, y tú recibirás de mí mucho más de lo que él podría darte con su trabajo. De cualquier manera, tú tienes muchos hijos, y puedo asegurarte que estará muy bien con nosotros.

Pensando en el triste regreso a su casa sin un solo pescado para alimentar a su familia, el pobre pescador le prometió a la murdwach que le daría a su hijo mayor cuando cumpliera la edad requerida, y ella le respondió:

—Ahora ya puedes arrojar tus espineles cuando quieras, y obtendrás toda la pesca que necesites. Continue reading ‘El Pescador y la Murdwach’

LOS DESEOS PELIGROSOS

Paddy Dennison, quien había nacido y vivido toda su vida en el poblado de Dough Beg, en la región de Donegal, en el Ulster, era un hombre trabajador, recto y honrado, de carácter jovial y dicharachero, buen amigo y mejor esposo, que sabía mantenerse sobrio la mayor parte del tiempo, especialmente durante el día. No obstante, al carecer de un mísero trozo de tierra de su propiedad y no tener demasiadas luces, excepto su capacidad para el trabajo duro, también era extremadamente pobre, de una pobreza rayana casi en la indigencia.

Claro que la miseria no era algo que preocupara exageradamente a Paddy durante el verano, ni en la época de la cosecha, en que siempre se ponía de manifiesto la solidaridad de los vecinos y, quien más, quien menos, él recibía el apoyo de algún brazo fuerte para ayudarlo a levantar el grano. Pero los inviernos eran otro cantar, y el rigor del frío y la falta de alimento adecuado hacían que se lamentara amargamente de su falta de fortuna. Para colmo de males, Paddy no tenía el más mínimo talento para ahorrar en las épocas de ventura, y cuando tenía algo de dinero en los bolsillos, lo gastaba como si fuera su única misión en la vida. Como consecuencia, al poco tiempo andaba quebrado y pasaba hambre y, lo peor de todo, es que se lo hacía pasar también a su esposa, Joaney. Continue reading ‘LOS DESEOS PELIGROSOS’

EL DRAGÓN DE LOUGHNEY NA ANGÛ

En aquellos tiempos remotos en que los dragones aún caminaban y
volaban sobre la tierra, existía un pequeño lago, cerca de la aldea
de Thullagan, a orillas de la Donegal Bay, cuyos habitantes llamaban
Loughney na Angû (Laguna de la Serpiente), ya que se encontraba
dominada por un gigantesco reptil volador, cuya presencia aterradora
tenía asustada a toda la población. La fiera asolaba toda la cuenca del
río Erne, desde Kilmeashill hasta Moghurry, y el jefe del clan de esa
zona no sabía cómo librarse del maligno animal. Hasta el aliento del
dragón resultaba mortal y sus profundas inspiraciones eran tan violentas
que podían succionar al interior de su boca un caballo con su jinete que
se encontrara a cinco kilómetros de la laguna.
Desesperado, el rîgos envió emisarios a la corte del Rey de los Cinco
Reinos, regente de Munster, Leinster, Connaught, Meath y Ulster, para
ver si podía enviar a algún gran guerrero que eliminara a aquel demonio
que, si las cosas seguían así, pronto no dejaría viva una sola familia en
la región de Tyr Connhall.
Los emisarios se pusieron en marcha, y no quieran saber las
vicisitudes y las dificultades por las que pasaron hasta que llegaron a la
corte principal. Allí fueron recibidos amablemente por el rey, pero pronto
comprendieron que éste no estaba muy convencido de mandar a nadie a
enfrentar al dragón, pues la hazaña se presentaba tan peligrosa que no
quería arriesgar a ninguno de sus soldados. Sin embargo, entre los
hombres de armas de la antigua Erín nunca faltó el coraje ni el espíritu
de aventura, y la sangre tundente de sus jóvenes guerreros se impuso
finalmente sobre la prudencia, y tres de ellos dieron un paso al frente,
aceptando el reto: O’Loughlinn, O’Bryan y MacNeigh, los cuales, el
primero de ellos especialmente, estaban tan impacientes que todos
clamaban por ser el primero en enfrentar a la bestia.
Sin embargo, y a pesar de todo su entusiasmo, el día anterior a la
salida, O’Loughlinn sintió un fuerte dolor en el pecho, complicado por un
regusto amargo en la boca, y declaró que no se encontraba en
condiciones de afrontar un viaje tan largo y, sobre todo, tan peligroso; y
realmente, el joven se sentía —y se veía— tan mal, que nadie dudó de
su afirmación.
Pero dio la casualidad de que el muchacho tenía un hermano, un
mocetón tan grande como inútil, que en su vida había hecho nada más
complicado que llevar las vacas a pastorear, o segar el forraje para el
ganado de su padre. No obstante, el chico tenía su orgullo, y al ver que
su hermano no podía cumplir con la promesa empeñada, decidió
defender el honor familiar, y se dirigió al rey diciéndole:
E
—Mi señor, mi familia se sentiría deshonrada de por vida si Su
Majestad no me deja partir en lugar de mi hermano, a luchar contra el
dragón.
El monarca miró al joven como si de repente le hubieran brotado
cuernos y una cola, pero la mirada inocente y honesta de éste pareció
tranquilizarlo, por lo que le dijo:
—Está bien, ve con Dios, y que Él te proteja, pues vas a emprender
una travesía muy peligrosa. Después de todo —agregó el rey, David era
más pequeño que tú y mató a Goliat sin otra cosa que una honda y una
piedra.
Y así los tres aventureros iniciaron su camino, cruzando valles ríos y
montañas, hasta que llegaron a Ballintrah, en las laderas de las Upper
Scardans, justo a orillas de la Loughney na Angû. Desde allí otearon la
laguna con sus catalejos y pudieron ver en la lejanía la figura del
dragón, tendido en la orilla, haciendo la digestión después de haberse
comido a un grupo de soldados galeses que tuvieron la osadía de pasar
cerca de su cueva.
—Bueno —dijo entonces Patrick, que así se llamaba el joven
hermano del que no había podido venir—, ahora, si no os parece mal, yo
voy a ser el primero en probar suerte, ya que, si caigo en el intento, no
se habrá de perder gran cosa.
Pero los demás caballeros no le iban en zaga, en valentía ni arrojo,
así que ninguno de ellos dio el brazo a torcer, de modo que tuvieron que
dejarlo librado a la suerte sacando tres palitos que, efectivamente,
señalaron a Patrick como quien debería enfrentar primero al dragón.
—Ya que me ha tocado a mí, ayudadme con los preparativos —dijo
entonces el joven—, pues quiero aprovechar que ese condenado está
dormido y terminar de una vez por todas con él.
Los otros hicieron lo que les pedía, y hacharon varios árboles y con
sus ramas hicieron carbón de leña, con el cual llenaron una gran bolsa
de cuero. A continuación, el joven aventurero se metió en ella sobre el
carbón, armado con un afilado y enorme cuchillo de caza, y los demás lo
taparon luego con más trozos de leña. Antes de cerrar la bolsa, el mozo
se dirigió a sus compañeros diciéndoles:
—Ahora, subid a la cumbre más alta de las Scardans y mirad
atentamente hacia la ribera opuesta de la Loughney na Angû; si dentro
de tres horas veis una nube de humo cerca de la orilla, encended
vosotros también una hoguera, y eso le indicará a todo el reino que el
monstruo ha muerto. Entonces podréis marchar junto a nuestro rey, y
contarle lo que ha sucedido.
Así lo hicieron sus compañeros, y llegaron a la cumbre justo a tiempo
para divisar al dragón que se estiraba y se desperezaba, después de
haberse despertado de su siesta. Pero inmediatamente comenzó a
ventear la brisa que bajaba desde las montañas hasta que, cuando hubo
volteado su espantoso hocico hacia el oeste, comenzó a aspirar y aspirar
de una manera incontenible, haciendo que la bolsa y todo su contenido
volara directamente hacia sus fauces. Entonces el monstruo abrió su
enorme boca y la bolsa que cruzaba el aire como una flecha, le golpeó el
paladar con tanta fuerza que estuvo a punto de derribarlo, pasando
luego por su garganta hasta alojarse en su estómago. Y cuando Patrick
se percató de que ya estaba en el vientre de la fiera, salió de la bolsa y
comenzó a asestar puñaladas a diestra y siniestra, haciendo que el
dragón se retorciera de dolor y se echara a rodar en dirección a la
laguna. Pero el dolor se hacía cada vez más intenso, y en el preciso
instante en que el animal iba a precipitarse al agua dando volteretas,
Patrick terminó de rasgarle el vientre y salió rodando del interior,
cayendo sobre la suave hierba de la ribera.
Sin perder tiempo, el joven encendió una hoguera y, poco después,
un fuego similar comenzó a arder en la cumbre más alta de las
Scardans, al que no tardó en seguirle otra en el Monte Leinster, una
más en las Black Hills y luego otra y otra, hasta que parecía que todas
las colinas de los alrededores estaban en llamas.
Pero el valiente joven, que era muy devoto, además de osado,
decidió mostrar su gratitud al cielo edificando una iglesia, y comenzó a
elevar una plegaria, a fin de que el Santo Patrono le indicara el lugar
adecuado para hacerlo. Luego se echó a dormir para descansar de la
larga jornada y tuvo un sueño que consideró premonitorio. En él vio dos
patos que pasaban volando y los siguió cuando cruzaron el Keeran
Bridge (puente Keeran) y cuando pasaron volando por sobre la colina de
Templeshambo. Al terminar de atravesarlo, las dos aves descendieron
del otro lado, una en cada margen de un arroyo, así que el joven hizo
construir un monasterio en la orilla más alejada y un convento de
monjas en la más cercana.
Son muy pocos (por no decir ninguno) los lagos o lagunas de Erín
que no tengan una leyenda de un dragón o una serpiente gigantesca, la
mayoría de los cuales se cuentan como que han sido destruidas por Finn
McCumhall o por alguno de los antiguos santos cristianos que llegaron a
Irlanda en sus misiones de catequización, como San Jorge, matador del
famoso dragón de dos cabezas.

GILLA NA BRÂKON AN GOUR

Hace ya muchísimo tiempo, cerca de la antigua fragua y junto a la

margen derecha del río Slaney, en Enniscorthy, Eire, vivía una pobre

viuda, tan pobre que no tenía siquiera ropa para vestir a su hijo, a

quien, para abrigarlo en las crudas noches del invierno irlandés, debía

acostar en el pozo de las cenizas, cerca del hogar, y cubrirlo con los

rescoldos tibios que el fuego iba dejando caer. Pero el niño fue creciendo y cada año

la abnegada madre debió ir agrandando y ahondando un poco más el pozo, para

que su hijo pudiera caber en él.

Finalmente, en una ocasión en que la pobre mujer iba caminando hacia la ciudad

de Callan, en el condado de Kilkenny, a visitar a un pariente, encontró una cabra

muerta, a la cual desolló y cuya piel llevó luego a su casa; con ella le confeccionó un

par de brâkes1 a su hijo quien, por primera vez en su vida, pudo salir a dar un

paseo por el pueblo. Al día siguiente la mujer le dijo:

—Tom, etnïosi2 mío, en tu vida jamás has hecho nada útil todavía, a pesar de tus

dieciocho años y tus dos metros de estatura, así que ahora toma esta cuerda y el

hacha y ve a traerme leña del bosque.

—No tendrás que repetírmelo, madre— respondió el hijo—. Voy inmediatamente.

Pero cuando hubo cortado y atado la leña se le apareció un enorme gigante, de

más de tres metros de alto y, sin decir “agua va”, le lanzó un violento golpe con un

garrote que llevaba en la mano y que, de no haberse apartado Tom a tiempo, lo

habría dejado tendido allí mismo. Luego de esquivar el ataque, el muchacho tomó

una gruesa rama de roble que había cortado él mismo y al primer golpe que le

asestó, dejó al gigante casi inconsciente sobre el suelo.

—Si sabes alguna plegaria —le dijo—, rézala ahora, porque en un segundo te

haré pedazos esa fea cabezota que tienes.

—Nunca supe ninguna oración —contestó el gigante—, pero si me perdonas la

vida te regalaré mi garrote. Así como lo ves, no es una simple porra, sino un

talismán mágico y, mientras vivas libre de pecado, cumplirá todos tus deseos y

nadie podrá vencerte en una pelea.

Encantado, el joven no tuvo inconveniente en perdonarle la vida y, apenas se

hubo marchado el gigante, se sentó a horcajadas sobre la gavilla de leña, le dio un

ligero golpe con el garrote y se dirigió a ella en esta forma:

—Leña, me ha dado mucho trabajo cortarte y empacarte, y casi pierdo la vida

por haber venido a buscarte; así que ahora, lo menos que puedes hacer tú por mí

es llevarme a casa.

Sus palabras surtieron el efecto deseado, porque la gavilla se separó del suelo y

lo llevó a través del bosque como un caballo, crujiendo y restallando mientras lo

hacía, hasta llegar a la puerta de su casa.

A los pocos días, una vez que toda la leña se hubo consumido, Tom fue al

bosque por más, y esta vez debió luchar con otro gigante, éste de dos cabezas y

una enorme joroba entre ellas. Pero el nuevo adversario tampoco fue un problema

grave; solamente le dio un poco más de trabajo vencerlo; luego, a cambio de su

perdón, el ogro le entregó un pífano igualmente mágico, cuyo sonido hacía que todo

el que lo escuchara no pudiera dejar de bailar hasta que cesaba la música. De

nuevo Tom regresó cómodamente sentado sobre el haz de leña, que esta vez

recorrió todo el camino hasta su casa bailando al compás de las melodías del pífano.

El siguiente rival fue un gigante de tres cabezas, todas ellas de rasgos bellos y

delicados, que, como tampoco sabía ninguna plegaria, le dio a Tom una redoma con

un ungüento verde que curaba todo tipo de heridas, escaldaduras y llagas,

restaurando la piel como si nada hubiera sucedido.

—Te agradará saber que ya no quedan más seres como yo y los otros que has

vencido antes, así que de ahora en adelante podrás venir al bosque a cortar leña

todas las veces que quieras, sin que te moleste gigante ni trasgo alguno.

Al oír estas palabras, Tom se sintió más orgulloso que diez pavos reales juntos y

pronto se acostumbró a salir todas las tardes a pavonearse por las calles del

pueblo; sin embargo, los chiquillos de Enniscorthy, que no tenían modales

demasiado educados, se burlaban de él, por su porra y sus brâkes de piel de cabra,

y lo seguían por la calle, zahiriéndolo con pullas y bromas descaradas. A Tom las

mofas no le gustaban, pero se sentía mal con la idea de darles una tunda, así que

se aguantaba como podía y no respondía a las burlas.

Así continuaron las cosas hasta que un día, mientras Tom daba su paseo

acostumbrado, desde el otro extremo de la calle apareció un pregonero llevando

una gran trompeta y vestido con un pantalón de pana, una camisa con pintas y un

gorro de montero en la cabeza. Al llegar al centro de la plaza, el hombre hizo sonar

su instrumento y luego proclamó que la hija del rey de Dublín se sentía tan triste y

melancólica, que en siete años no había reído ni una sola vez, y que su padre

estaba dispuesto a concederle su mano a quien pudiera hacerla reír tres veces

seguidas.

—Esto es justo lo que necesitaba —pensó Tom y, sin gastar más luz del sol de su

pueblo, besó a su madre, agitó el garrote amenazando a los pilluelos y partió por la

amarillenta carretera rumbo a Dublín.

Luego de caminar varios días, llegó a una de las entradas de la ciudad pero,

cuando trató de entrar, Continue reading ‘GILLA NA BRÂKON AN GOUR’

Vuelta a Nunca Jamas

Cuando estábamos a punto de llegar a Nunca Jamás, encontramos a Miswyl.

Una preciosa hada que reposaba sobre una roca en las cálidas costas radiantes de brillantes colores.

Hada de Agua Miswil
Nos acercamos y presentamos, pero ella ya nos conocía.

Le contamos brevemente por lo que habíamos pasado en estos seis días de viaje. Y las expresiones en su rostro nos hizo dar cuenta que fueron grandes aventuras.

Después le tocó el turno a ella de contarnos sobre ella, y… Continue reading ‘Vuelta a Nunca Jamas’

Sexto dia fuera de Nunca Jamas | Guerra

Lamentablemente una vez que salimos de la casa de la princesa Kwil caminamos todo el día hasta la noche, donde paramos en un bosquecito a dormir.

El bosque sexto dia

Al principio lo veíamos como un tranquilo bosque pero, al tiempo de estar ahí, empezamos a sentir la tensión del ambiente. Y notamos que un escuadrón de elfos que deambulaban por el puente que cruzaba el río que dividía el bosque. De un lado había humanos, del otro elfos y duendes compartían su lugar.

Al llegar la noche, seguía habiendo movimiento en el bosque. Campanilla y yo suponíamos que se venía algo grande. Algo grande estaba por suceder y realmente era así. Cuando empezamos a caminar por las orillas del río siguiendo el camino que costeaba a una de las montañas, encontramos otro puente que se anteponía a una catarata. En él, unos duendes llevaban caballos que parecían pertenecer a un ejército. Continue reading ‘Sexto dia fuera de Nunca Jamas | Guerra’