Una vez que estabamos en el castillo invisible, Merlín y yo nos aventuramos a encontrar a Campanilla.
Si el primer castillo era atormentador, entonces este es horripilante. En este nuevo castillo hay dragones hasta abajo de las baldozas del suelo.
Atravesamos la puerta principal, a la que le seguía un largo pasillo con unas puertas de madera oscura y unas barras de acero de forma horizontal que parecían muy fuertes, muy altas, a ambos lados. En la segunda puerta me detuve a observar de cerca la seguridad de la puerta. Parecía que ahí dentro guardaran algo muy valioso, o algo que no debería conocerse, o bien podría estar Campanilla en cualquiera de esas habitaciones cerradas por esas puertas.
Saqué mi espada casi por instinto e intenté romper una de las puertas con un fuerte ataque, pero no le hice ni un rasguño. Nada.
Merlín me advertió que no intente abrir ninguna puerta, porque podría haber cualquier cosa, o podría haber algún hechizo para el que abra esas puertas.
Entonces entendí, y seguimos por el pasillo.
Cuando terminamos de transitar el pasillo, estábamos en una sala muy grande. Las paredes estaban ornamentadas con esculturas de dragones. Pero viendo más detenidamente parecía que era el mismo dragón en distintas batallas. Parecía que eran esculturas que reflejaban la vida de un dragón específico. El cual Merlín me comentó que era el rey de los dragones, y que si él tenía a campanilla, habría que luchar contra él y eso sería una muerte segura.
Me sentí tan asustado en el momento que Merlín me dijo eso que ni cuenta me di cuando se me cayó la espada al piso. Cuando reaccioné y la levanté, escuché un ruido muy fuerte y vi trozos de madera volar por los aires del pasillo que habíamos transitado.
La curiosidad y las ganas de que sea Campanilla que había escapado de algún calabozo corrí hasta el pasillo. Y grité a los cuatro vientos: “Campanilla! Campanilla, estás acá!”. Cuatro segundos más tarde, vi que se asomó una garra desde la habitación que se había roto la puerta.
Entonces me dije… “Un momento… Campanilla no tiene garras…”, ¿Campanilla? -exclamé.
Entonces un dragón verde oscuro, con unas grandes escamas por todo el cuerpo y unos cuernos en la cola salió a la luz. Muy furioso, comenzó a echar fuego por todo el pasillo.
Merlín se río. Me llamó y me dijo que me quedara tranquilo, que iba a ser fácil vencerlo.
Le creí, pero seguía asustado. No es algo que se ve a diario en Nunca Jamás.
Pronunció unas palabras mientras hacía un recorrido con sus manos en forma circular y una esfera luminosa se marcaba en el aire. El dragón dejó de echar fuego.
Merlín me indicó que atacará al dragón mientras él lo mantenía inmóvil. Fui a atacarlo.
Atravesé la espada por su pecho buscando su corazón, en un momento lo toqué y supe que andaba bien por donde estaba, entonces hundí más la espada en el cuerpo del dragón hasta que éste cayó.
Sucedió lo mismo con tres puertas más. Pero no todos eran dragones de fuego.
Salieron uno de fuego, uno venenoso y uno que uno usaba su aliento, sino que atacaba con la cola, sus garras y cuernos, y sus alas.
Una vez vencidos los otros tres dragones, volvimos a la sala, y descubrimos que una de las esculturas tenía una apariencia distinta a las demás, entonces…
Tengo que dejarlo acá… Campanilla me pide un paseo por los bosques…
En unas horas vuelvo y termino de contarles
Etiquetas:aventura, Dragon, hada campanilla, Nunca jamas
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