¡Después del viaje hacia el Castillo Dragón, por fin llegamos!
El Dragón me dejó en una roca próxima a la puerta principal, la cual estaba muy bien ornamentada con unas grandes columnas que representaban a dos dragones en medio de una batalla. Puedo afirmar que era muy estremecedora la columna, y más sabiendo que tranquilamente un dragón podría atacarme en cualquier momento. Fue escalofriante.
Decidí dejar todas mis alucinaciones de una vez por todas y entrar, dejando todo el pasado atrás. Se que puedo morir en esta aventura, pero hago todo para recuperar al hada Campanilla. Arriesgo mi vida y todo Nunca Jamás por ella. Dejo todo atrás, todo.
Mientras caminé un largo pasillo cubierto por una gran alfombra roja e iluminado por unas antorchas en forma de cabeza de dragón. Estaban cada diez metros aproximadamente, por lo que no había problemas para ver, encontré una habitación completamente vacía, pero para llegar tuve que bajar a un sótano, y de ahí bajar otra escalera hasta llegar a unos pasillos esta vez más precarios. Una vez en el pasillo que me llevaba por un sendero oscuro me topé con un final, del cual salían dos caminos. Uno hacia la derecha y el otro al extremo opuesto, la izquierda.
Fui hacia la izquierda, bajé unas escaleras construidas por rocas y metales preciosos y encontré por fin la habitación. Y no creo que algún dragón pueda encontrarme fácilmente en este rincón del inmenso castillo, o por lo menos eso espero.
No hay mucho en la habitación, pero no preciso nada, ya que no pretendo estar mucho tiempo este castillo.
Después de tranquilizarme un poco, y perder las taquicardias, me recosté a descansar, pero quedé tendido por cuatro horas. Desperté por un ligero movimiento en el cofre donde duermo, el ruido de las monedas de oro me despertó. Ya desvelado, me levanté queriendo saber si había amanecido ya. Al asomarme por un gran ventanal el cual se ocultaba detrás de una lujosa cortina negra, veo… ¡UN DRAGÓN!
¡Un dragón acuático se acercaba a mi habitación!
Sentí un fuerte dolor en el pecho, provocado por los fuertes latidos cardíacos. Cerré los ojos y pedí ayuda a alguien que pudiera escucharme. Merlín acudió mágicamente a mi habitación:
- ¡Merlín, tenés que ayudarme! Haz algo con es dragón…
- Tranquilo… No te hará daño. Vigila el castillo nada más. Por eso es muy importante que no intenter robar algo, o destruir algo, porque ahí sí se enfadará y nos veremos en problemas.
- Igual Merlín, tengo miedo. Mucho miedo.
Merlín comenzó a decir unas palabras que me resultaban conocidas. Cinco segundos más tarde, yo caí en mis rodillas y si no hubiese tomado una suave manta, donde reposé mi cabeza, me hubiese golpeado muy fuerte.
Merlín me había lanzado un conjuro para dormir.
Dos horas más tarde, desperté. Merlín seguía ahí, en la habitación. Parecía que planeaba algo, o por lo menos eso demostraba su expresión de concentración en su rostro.
“Pequeño Principito, llegó la hora.” me dijo, y me brindó una espada.
“Con esta espada, no temás. Es muy poderosa.”
Sí, le dije. Pero voy a tener miedo de todas formas.
Para mi no es algo habitual tener que enfrentarme con dragones. Ni mucho menos. Ni si queira quiero enfrentarme con dragones, pero no me queda otra alternativa.
Así fue como pasé la primer noche en el castillo dragón.
Ahora me estoy marchando de la habitación, en busca del hada campanilla.
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